Es posible que algunos lectores identifiquen esta frase y la tradición —de izquierdas— a la que pertenece: “Tengo un gran plan, pero sé que es irrealizable”. En cambio, el Partido Popular del señor Núñez Feijóo parece tener sólo un plan tirando a pequeño, aunque eso sí, aparentemente realizable: echar a Sánchez. Y para ello encima duda del nivel de apoyo o complicidad que debe recabar de un partido situado en la órbita ultra y trumpista, que, además de echar a Sánchez, querría ponerlo “a disposición judicial”, según anunció uno de los diputados de Vox en las Cortes. Echar a Sánchez como prácticamente punto único de un discurso político monocorde responde a la obsesión que el actual presidente del Gobierno ha acabado provocando en muchas mentes de este país antes preclaras —es un decir— y ahora ofuscadas. No puede negarse que Sánchez, como cualquier político de esta época, y encima tras casi ocho años gobernando España con un PSOE escorado a la izquierda y controlado con mano de hierro, puede dar motivos de irritación, de frustración, de rechazo. Lo que se quiera. Su resiliencia, oportunismo, camaleonismo y tenacidad no siempre son vistas como virtudes políticas. Pero apostarlo todo a un estado general de cabreo enfocado en la sola persona del presidente del Gobierno —sin que, por otra parte, sea ninguna novedad en las aficiones caníbales del país: se hizo con Suárez, no se moderó con el final de González, me temo que se lo ganó a pulso el Aznar de la guerra de Irak, y hasta se tachó a Zapatero de haber sido “el peor presidente de la democracia”, etcétera— da una idea muy pobre de la política, de las expectativas, de las ideas y en definitiva de los planes —nada pequeños— que la situación general de España y del mundo parecen exigir.
La grandeza y la pequeñez en política
Scritto il 12/02/2026
Apostarlo todo a un cabreo enfocado en Sánchez da una idea muy pobre de la política, las ideas y los planes que la situación de España y del mundo parecen exigir